El Arte de Torcer: Lo que las Torsiones nos Enseñan sobre Soltar
- Andrea Llorens b

- 7 jul
- 4 min de lectura
Hay una cosa que pasa casi siempre en la primera clase de alguien que viene a , cuando llegamos a una torsión, la persona gira los hombros, abre los brazos, y siente que hizo la postura. Y técnicamente, sí. Pero no.
Lo que le falta es entender que una torsión en Vinyasa no empieza arriba. Empieza desde el suelo.
Esto me lo explicó una profesora hace años y me cambió la práctica. "Antes de girar, enraíza", me dijo. Y al principio no entendí. ¿Enraizar? Estaba parada en el mat, no flotando. Pero después de algunas clases empecé a notar la diferencia entre torcer desde los hombros — que es lo que la mayoría hacemos al principio — y torcer desde la pelvis, desde el suelo pélvico activo, desde los pies que realmente presionan el mat. Es otra cosa. La rotación baja por la columna de otra manera. Más profunda. Menos forzada.
Los maestros de Vinyasa usan mucho la imagen del trapo mojado. Cuando lo tuerces, el agua sale. Cuando lo sueltas, el tejido absorbe aire fresco. El cuerpo, dicen, funciona parecido. Las torsiones comprimen — órganos, tejidos, músculos — y cuando salimos de ellas, la sangre vuelve con más oxígeno.
No sé si es exactamente así a nivel fisiológico. Pero sé que hay algo real en esa imagen, porque es exactamente lo que se siente. Una buena torsión al final de la práctica — supina, pasiva, sin esfuerzo — libera algo que ni sabías que estabas cargando.
Lo que sí entiendo mejor ahora, después de años practicando y enseñando, es lo que pasa con la respiración adentro de una torsión.
Inhalar alarga. Exhalar profundiza.
Parece simple, y en realidad lo es, pero ponerlo en práctica tarda. La tendencia natural cuando algo cuesta es aguantar la respiración. Retenerla. Apretar. Y en una torsión eso cierra exactamente lo que quieres abrir. El cuerpo se contrae sobre sí mismo y la rotación se bloquea. Si alguna vez sentiste que una torsión "no te entra", probablemente estabas reteniendo el aire sin darte cuenta.
La prueba es fácil: la próxima vez que estés en una torsión y sientas que llegaste al límite, toma una inhalación larga primero — alarga la columna, sube el esternón — y recién en la exhalación deja que el cuerpo gire un poco más. Sin forzar. Solo dejando que el aire se lleve la resistencia.
La mayoría de las veces, hay más espacio del que creías.
En el Vinyasa, las torsiones no aparecen al azar en la secuencia. Casi siempre vienen después de que la columna ya trabajó — extensiones, flexiones laterales, algo que calentó el tejido y exploró el movimiento en otros planos. El orden tiene lógica. Una columna fría que intenta una torsión profunda es como intentar doblar plástico recién sacado del freezer. Puede hacerse, pero hay riesgo de que algo ceda donde no debería.
Algunas de las torsiones que más aparecen en nuestras clases:
El triángulo invertido (Parivrtta Trikonasana) es una de las más exigentes de pie. La base tiene que estar muy sólida porque la rotación es intensa. Muchos alumnos llegan a esta postura queriendo tocar el piso con la mano y se olvidan de lo que pasa arriba. El brazo que sube al techo es igual de importante que la mano que baja.
La torsión en ángulo lateral (Parivrtta Parsvakonasana) desafía todo al mismo tiempo: la fuerza de las piernas, el equilibrio, la apertura del pecho. En Vinyasa se usa mucho como cumbre de secuencia — el momento donde todo lo que se trabajó antes converge.
Y la torsión supina al final. Esa que aparece casi siempre antes del Savasana. Para mí es de las más importantes de la práctica, aunque parezca la más pasiva. Cuando el cuerpo ya hizo su trabajo, esa torsión suave tiene acceso a capas de tensión que antes no eran alcanzables. Vale la pena quedarse ahí unos minutos más de lo que uno cree necesario.
Hay algo más que quiero decir sobre las torsiones, que tiene menos que ver con la anatomía.
Una torsión funciona cuando dos fuerzas tiran en sentidos opuestos al mismo tiempo. La pelvis enraizada hacia abajo mientras la columna sube y gira hacia arriba. El lado que comprime y el lado que se abre. No es una sola dirección — es tensión entre dos. Y la postura se sostiene exactamente en ese punto medio.
Sthira y Sukha — firmeza y ligereza, esfuerzo y soltura — coexistiendo. No uno después del otro. Los dos al mismo tiempo.
No lo digo para sonar filosófica Lo digo porque es algo que se aprende en el cuerpo primero y después uno empieza a reconocerlo en otras partes de la vida. Esa capacidad de sostenerse en la tensión sin colapsar hacia ninguno de los dos lados.
La práctica enseña eso. Despacio, pero lo enseña.
Si llevas algo concreto al mat después de leer esto, que sea esto: la próxima vez que estés en una torsión, antes de girar, pregúntate si tu base está. Si los pies están realmente en el suelo. Si el core está activo. Si la pelvis está estable.
Desde ahí, inhala. Alarga.
Y recién entonces, exhala y gira.
¿Tienes preguntas sobre torsiones o quieres trabajar alguna postura específica? Díselo a tu profe en la próxima clase. Estamos para eso.
— Kula Yoga Chile

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